EL AUTISMO
El autismo es un trastorno neurológico complejo que
generalmente dura toda la vida. Es parte de un grupo de trastornos conocidos
como trastornos del espectro autista (ASD por sus siglas en inglés).
Actualmente se diagnostica con autismo a 1 de cada 68 individuos y a 1 de cada
42 niños varones, haciéndolo más común que los casos de cáncer, diabetes y SIDA
pediátricos combinados.
El autismo daña la capacidad de una persona para comunicarse
y relacionarse con otros. También, está asociado con rutinas y comportamientos
repetitivos, tales como arreglar objetos obsesiva mente o seguir rutinas muy
específicas. Los síntomas pueden oscilar desde leves hasta muy severos.

TRATAMIENTO DEL AUTISMO
Ninguno de los trastornos del espectro autista tiene cura.
Todas las terapias están enfocadas a la paliación de los síntomas y a la mejora
de la calidad de vida del paciente. La terapia suele ser individualizada y
ajustada a las necesidades que precisa cubrir el sujeto, consiguiendo mejor
pronóstico cuanto más precoz sea su inicio. El tratamiento del autismo en este
sentido suele incluir:
Intervenciones emocionales y psíquicas: tienen como objetivo
la adquisición y desarrollo de habilidades emocionales de expresión y
reconocimiento de sentimientos, desarrollo de la empatía… Al igual que las
intervenciones sociales educativas, la terapia incluye el círculo social
cercano, con los que se trabaja también la expresión de sus sentimientos,
frustraciones, impresiones, etcétera, hacia el sujeto con trastorno autista.

Medicamentos: no existen medicamentos específicos para el
tratamiento del trastorno autista, por lo que se emplea siempre terapia
paliativa de la sintomatología desarrollada por el sujeto. Así, si existen
convulsiones, se prescriben uno o varios anti convulsivos específicos, y si
existe impulsividad o hiperactividad, se recurre al empleo de medicamentos de
uso habitual en pacientes con trastorno de déficit de atención. Los
medicamentos más habituales administrados a estos pacientes son los
ansiolíticos, antidepresivos y los empleados en el trastorno
obsesivo-compulsivo.

DATOS CURIOSOS
Según varios estudios, uno de cada 150 niños sufre de
autismo. Albert Einstein, Isaac Newton, Mozart, Beethoven, Inmanuel Kant y Hans
Christian Andersen son personajes que sufrieron algún tipo de autismo. ¿Cómo lo
determinaron? Se dice que las personas que sufren de autismo tienen ciertas características
o datos curiosos.
Procesan mejor la información: Por esto, las personas que
sufren de autismo tienen mayor concentración y desempeño. Trabajan mejor en el
área de tecnología.
Bebés prematuros: Aquellos que nacen antes de tiempo o con
bajo peso tienen una predisposición cinco veces mayor a desarrollar autismo,
que aquellos que nacen en tiempo y peso normal.
Cabeza grande: Los niños con autismo tienen más niveles de
hormonas implicadas en el crecimiento, lo que explicaría por qué la
circunferencia de los autistas es más grande.
Neuronas espejo: Las personas que sufren autismo tienden a
tener problemas en cuanto a las habilidades sociales y les resulta casi
imposible mostrar empatía al comunicarse con otra persona. De acuerdo con una
investigación dada a conocer en Biological Psychiatry, se debe a fallos en el
sistema de las neuronas espejo (las encargadas de comprender y anticipar los
deseos y las acciones de los demás), que no se bloquean pero se desarrollan con
extremada lentitud.
Rasgos: El rostro de los niños con autismo tiene rasgos
característicos, de acuerdo con un estudio publicado hace poco en la revista
Molecular Autism. Normalmente, tienen los ojos y la boca más anchos, la zona
alta de la cara más grande de lo habitual y la zona media de la cara (nariz y
mejillas) algo más pequeña que la media.

LA MALARIA
El paludismo o malaria es una infección de los glóbulos
rojos causada por el Plasmodium, un organismo unicelular. Esta infección es una
de las enfermedades más antiguas. Existen datos que sugieren su presencia en el
hombre prehistórico y ya se describe en papiros egipcios y en los mitos chinos,
donde se define como la acción conjunta de tres demonios. Uno con un martillo
(símbolo de la cefalea), otro con un cubo de agua helada (representativo de los
escalofríos) y otro con un horno ardiente (la fiebre).

Causas
Es una de las enfermedades infecciosas más frecuentes y uno
de los principales problemas de salud para el viajero. Hay cuatro especies del
género plasmodium (el parásito causante del paludismo) que transmiten la
enfermedad al ser humano: Plasmodium vivax, P. Ovale, P. Malariae y P.
Falciporum (el más mortífero). La causa principal de paludismo es el cumplimiento
incorrecto de la quimioprofilaxis.
El riesgo de infección varía en función del itinerario, la
duración del viaje, la época del año (época de lluvias, temperatura…),
inmunidad de la población, distribución de lugares donde se crían los mosquitos
y la prevalencia de las distintas especies. En el hombre la transmisión se
produce por la picadura de la hembra del mosquito Anopheles. Es especialmente
activa desde el anochecer hasta el amanecer. También se transmite por
transfusiones de sangre o por jeringuillas infectadas. Otra causa, poco
probable, es en los aeropuertos o alrededores. Si algún mosquito se “cuela” en
un avión procedente de una zona endémica y escapa en una escala podría picar en
otros países.
Prevención
Antes de viajar a una zona probablemente afectada por el
paludismo se debe obtener información sobre ella y sobre cómo protegerse, ya
que las recomendaciones de un país pueden diferir enormemente de las del
vecino. La OMS recomienda no viajar a zonas endémicas o con riesgo a mujeres
embarazadas o a familias con niños, debido al riesgo de mortalidad materna,
aborto, mortalidad del neonato y bajo peso al nacer.
En los niños la enfermedad es aún más virulenta. Algunas
personas con enfermedades crónicas no pueden tomar los fármacos habituales, al
igual que las mujeres embarazadas. De igual forma, las mujeres en edad fértil
deben evitar quedarse embarazadas mientras realizan la quimioprofilaxis (toma
de fármacos antes, durante y después de ir al país endémico). Otra de las
medidas de prevención es evitar la picadura del mosquito.

Tratamiento
El tratamiento de las personas infectadas de malaria es
indispensable para evitar que actúen como fuente de infección para los
mosquitos y de esta forma interrumpir la cadena epidemiológica. En las zonas
endémicas es de especial importancia, además del tratamiento, tomar medidas
para evitar que los mosquitos piquen a los enfermos (mosquiteros, repelentes,
etcétera). Cuando un paciente que reside o procede de una zona palúdica tiene
fiebre, es necesario preparar y estudiar una gota gruesa y un frotis de sangre
teñidos con Giemsa para confirmar el diagnóstico e identificar la especie del
parásito.
Los pacientes con paludismo grave y los que no pueden tomar
medicación por vía oral deben recibir tratamiento antipalúdico por vía parenteral.
Cuando existen dudas acerca de la posible resistencia del parásito infectante,
se debe administrar quinina o quinidina. Actualmente se recomiendan las
terapias combinadas con artemisina (TCA). Los derivados de la artemisina son
los antimaláricos más potentes y con menos efectos adversos que existen en la
actualidad. Su eficacia aumenta al combinarlos con otros fármacos, con lo cual
se disminuye, además, la aparición de resistencias al tratamiento.

SABIAS QUE?
*La primera vacuna fue desarrollada por el doctor Manuel
Elkin Patarroyo, médico colombiano, y tiene un efectividad de entre un 40% y un
60% en adultos, y en niños un 77%.
*Cerca de 4.000 millones de personas están en riesgo de sufrir malaria (casi la mitad de la población mundial), aunque aquellos que viven en los países más pobres del planeta son los que más peligro tienen de padecerla, siendo endémica en 107 naciones.
publicado por: Yudi Andrea Vargas
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